Coaching y Educación; puntos en común

En estos apuntes de coaching me gustaría citar algunos puntos en común que comparten el coaching y el entorno educativo.  Para esto,  podemos, primero de todo,  tener en cuenta algunos de los objetivos de la Educación Secundaria, que entre otros muchos, pretende fomentar la autonomía personal del alumno y formarle para relacionarse con su entorno.

El coaching establece una dinámica con su entrenado (coachee) que precisamente fomenta este tipo de relación; mejorar la autonomía del cliente y su relación con los demás (a partir del trabajo de múltiples temáticas relacionadas que escoge siempre el coachee).

En educación, si queremos fomentar la autonomía, mejorar la toma de decisiones, la comunicación-relación con el entorno… las metodologías de enseñanza-aprendizaje deben ir en la misma dirección. En este sentido, estilos de enseñanza-aprendizaje como  la instrucción directa o la asignación de tareas no parece que vayan demasiado alineados con estos fines. Otros estilos como: la enseñanza recíproca, en pequeños grupos (que fomentan la participación); otros como el descubrimiento guiado, la resolución de problemas (que son más cognitivos y fomentan la reflexión); y unos terceros (que promueven la creatividad del alumno) como pueden ser el estilo del alumno iniciado, el diseño del alumno o la autoevaluación (estilos según taxonomía de Muska Mosston) sí que nos acercan a estos objetivos.

Y aquí, en relación a estos segundos estilos, podemos hablar también de coaching, ya que podemos decir que el coaching es un entrenamiento de las habilidades y talentos que la persona tiene, para desarrollarlas al máximo, explorando, reflexionando, creando, haciendo posible que la persona aumente su autoestima y seguridad personal, se sienta mejor consigo misma y sea capaz de vivir su vida mejor.

Primer punto en común: los profesores también tienen por objetivo desarrollar habilidades y talentos en sus alumnos.  Pero es más, estilos de enseñanza como la resolución de problemas están muy cerca de la metodología coach. Por lo tanto, incorporar técnicas asociadas al coaching puede ser muy beneficioso para utilizar mejor estilos de enseñanza-aprendizaje que fomenten la toma de decisiones, la creatividad o la autonomía del alumno.

Por otra parte, el coaching ayuda al cliente (entrenado) a no focalizarse en un único aspecto en relación al tema que se está trabajando, sino que favorece abrir nuevas vías de exploración, probar cosas nuevas y vencer antiguas y fuertes creencias arraigadas en la persona. Como podemos observar, esto también se relaciona plenamente con estos estilos de enseñanza-aprendizaje a los que nos estamos refiriendo.

El coaching acompaña a su cliente en su autoconocimiento, en la toma de consciencia de sus emociones, en cómo regularlas y en buscar alternativas para sentirse de una determinada forma, en mejorar su autoestima. También entrena al cliente para abordar temas sobre relación con los demás, asertividad, mejora de la comunicación, empatía…

Y es que el coaching, entre otros, acompaña a su cliente en su aprendizaje en:

  • Ser y actuar de manera autónoma
  • Pensar y comunicar
  • Descubrir y tener iniciativa
  • Convivir y habitar el mundo

¿No os suena todo esto? Es otro punto en común, ya que son los objetivos que se plantea el trabajo por competencias que promueve la Generalitat de Catalunya (podéis consultarlo aquí).

Observo por tanto, que una disciplina como el coaching tiene mucho, a través de su metodología, que aportar al mundo educativo. Primeramente para desarrollar el talento y potencial (que lo hay) del profesorado; ayudándole a sentirse mejor, más seguro consigo mismo, más capaz, a encontrar nuevas formas de abordar nuevos retos. Por otra parte, mejorando la comunicación, cohesión y el trabajo en equipo de los equipos docentes y directivos. Pero después también, transmitiendo técnicas o herramientas concretas del coaching para que los docentes las puedan usar en su día a día: formulación de preguntas poderosas (que favorecen sacar a la persona-alumno de su zona de confort y la sitúan en la zona de desarrollo próximo), establecer conversaciones estructuradas eficaces, mejorar la comunicación con los demás a través de la escucha, detectar y cuestionar pensamientos distorsionadores, elaborar y dar feedbacks efectivos… por citar algunas.

Pero es más, observamos hoy que la educación  del siglo XXI se orienta cada vez más a lo que decía Sócrates, uno de los grandes maestros de la Grecia clásica (padre del diálogo mayéutico, uno de los pilares del coaching):

“Yo no puedo enseñaros nada;

sólo puedo ayudaros a buscar el conocimiento dentro de vosotros mismos,

lo cual es mucho mejor que traspasaros mi poca sabiduría.”

Como vemos en esta cita, coaching y educación vuelven a confluir; ahora la escuela del siglo XXI, en un mundo dinámico y cambiante,  fomenta que el alumno busque, interprete y comprenda la información, alejándose del ya antiguo modelo de transmisión de la información. El coaching, además, va un paso más allá, ayudando a la persona a mejorar su autoconocimiento y adaptabilidad al entorno cambiante.

Como observamos en este apunte, coaching y educación comparten muchos aspectos en común.

Claudi París

CxAR-Coaching per a l’Alt Rendiment